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Cómo saber si ovulamos: los cambios de nuestro cérvix.

Otra manera de saber cuando ovulamos es aprender a reconocer los cambios de nuestro cérvix

Pero quizás lo primero que te preguntes es qué es el cérvix exactamente, pues según podemos leer en San Google, es “la parte inferior del útero, situada en el fondo de la vagina, flexible, delgada y de unos tres centímetros de longitud”, también conocido como “cuello uterino“.

Para reconocer nuestro cérvix es muy importante lavarnos cuidadosamente las manos y tener las uñas bien recortadas para no causarnos ninguna heridita. Debemos buscar una posición en la que estemos cómodas, normalmente sentadas en el inodoro, e introducir en la vagina el dedo más largo hasta tocar la entra del cérvix (notarás que tiene forma como de “Donetes”, con un pequeño orificio en el medio). Según el momento del ciclo menstrual en el que te encuentres notarás cambios tanto en su posición (alto o bajo) como en su textura (suave o firme).

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En los días no fértiles, para impedir el paso de los espermatozoides, el cérvix está cerrado por un tapón mucoso y ácido, además se encuentra bastante bajo, solo a unos 8 cm de la entrada de nuestra vagina. Notarás también que está firme, duro, recordándote a la punta de la nariz.

Pero en nuestros días fértiles, el cérvix se abre para permitir el paso de los espermatozoides, produciendo también un moco más acuoso y menos ácido que permite su superviviencia. Lo notarás más alto, por lo que tendrás que introducir bastante el dedo hasta tocarlo,  y más blando, como si fuesen unos labios.

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Durante la ovulación comprobarás que tu cérvix está muy húmedo o mojado, aunque habitualmente tengas dificultades para reconocer tu moco cervical. Es por esto que este método es muy útil para las mujeres que tienen poco flujo y a las que les cuesta más notar como va cambiando durante las diferentes fases del ciclo.

Yo personalmente no usé mucho este método, ya que siempre he reconocido muy fácilmente mis días más fértiles pero sí que lo comprobaba de tanto en tanto para aprender a reconocer como se iba modificando.

¿Conocías ya este método? ¿Te parece práctico? Anímate a dejarme tus comentarios :)…

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Cómo saber si ovulamos: el moco cervical

Otro método para conocer nuestros días más fértiles es el de observar nuestro moco cervical…

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es el llamado método Billings, que estudia tanto el aspecto como la sensación de humedad que sintamos según la evolución de nuestro flujo.

La foto que os pongo ya es suficientemente explicativa así que no creo que haga falta que os comente mucho más, por sí misma ya es bastante aclaratoria :).

Según este método el último día que notamos el famoso moco “clara de huevo” es el más fértil (día pico) y nos indica que la ovulación está próxima. Según la mujer puede ser a las pocas hora o hasta un día y medio después. Si tenemos en cuenta que el óvulo tiene una supervivencia máxima de 24 horas y los espermatozoides una media de 2-3 (pueden ser hasta 5) podemos calcular que nuestros días más fétiles comienzan 1 ó 2 días antes del día pico y finalizan un par de días después. Esta sería nuestra llamada “ventana fértil”.

Para comprobar el momento exacto de tu ovulación puedes combinar este método con los que expliqué anteriormente, es decir, el de la Temperatura Basal y el de los test de ovulación. De esta manera reconocerás en muy poco tiempo los días más fértiles de tu ciclo. Además tu cuerpo seguramente te empezará a avisar en los días claves, ya que todas notamos una subida de energia y de libido, e incluso pequeñas molestias en los ovarios en la ovulación.

Si te cuesta reconocer los cambios en el moco cervical ya que no sueles tener sensación de humedad, puedes observar como mancha tu ropa interior (el más fértil, al ser más acuoso, se marca como si fuese una pérdida líquida) o recoger una muestra con tus dedos directamente de la vulva, sin introducirlos en la vagina.

¿Reconoces fácilmente todos estos cambios? Si no es así espero que a partir de ahora los observes más detenidamente para llegar a reconocer tus días más fértiles.

 

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Cómo saber si ovulamos: la temperatura basal

La manera más efectiva y barata de comprobar nuestra ovulación es mediante el Método de la Temperatura Basal…

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Una de las primeras cosas que nos suele pedir el ginecólogo cuando estamos buscando el embarazo es el de tomarnos la temperatura basal varios meses, casi siempre 3, ya que es una manera muy efectiva de comprobar si nuestro ciclo tiene alguna alteración, como sería la falta de ovulación (anovulación), SOP (síndrome de Ovarios Poliquísticos) o una fase lútea incorrecta, con lo cual sería más complicado que se produjese la fecundación y/o la implantación del embrión.

Para tomaros la temperatura basal sólo debéis seguir unos sencillos pasos:

  • Tenéis que usar siempre el mismo termómetro (preferentemente de mercurio).
  • No se ha de realizar ningún esfuerzo antes de poneros el termómetro, por lo que si usáis uno de mercurio debéis dejarlo preparado en la mesita de noche.
  • Se ha de tomar siempre a la misma hora y sin moveros de la cama.
  • Se puede tomar tanto vaginal como rectal, siendo no tan recomendable la axilar y la bucal.
  • Tenéis que descansar un mínimo de 3-4 horas.
  • Lo ideal es empezar el primer día de regla, por lo menos durante los primeros ciclos, luego ya podréis comenzar al acabar el sangrado.
  • Si estáis resfriadas, con fiebre o no habéis dormido las horas suficientes, apuntadlo en la gráfica ya que en estos casos los resultados no serán tan reales.

Siguiendo este método comprobaréis como vuestra temperatura subirá entre 0,2 y 0,5 grados el primer día tras la ovulación, manteniéndose alta hasta la siguiente regla cuando vuelve a bajar. En caso de producirse el embarazo, la temperatura se mantendría alta, siendo posible un ligero descenso en el momento de la implantación para volver a subir, aunque este patrón trifásico no se produce siempre. Por tanto, la temperatura basal os servirá para aseguraros que habéis ovulado pero no para predecir la ovulación, aunque sí podríais detectar un posible embarazo. Con un poco de práctica, a pesar de lo tedioso que nos suele resultar tomarnos cada día la temperatura, llegaréis a conocer muy bien vuestro patrón de ovulación, por lo que os será muy fácil preveer en futuros ciclos vuestros días más fértiles.

Muy importante: este método solo sería efectivo en ciclos naturales, sin inductores de la ovulación ni progesterona sintética ya que en estos casos la subida y/o mantenimiento de la temperatura serían debidos a la medicación y no a una ovulación espontánea.

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Cómo saber si ovulamos: el test de ovulación en tiras

Cuando deseamos quedarnos embarazadas una de las primeras cosas que nos preocupa es que no se nos “pase” nuestro día de ovulación.

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Para conseguirlo son muy útiles los famosos test en tiras que casi todas conocemos y que la mayoría de vosotras ya habréis usado. A pesar de ser tan populares muchas veces nos generan dudas que espero poder aclararos a continuación.

Estos tipos de test detectan en la orina los niveles de la hormona LH, cuyo pico nos indica que va a producirse la ovulación entre 12 y 36 horas después de obtener un resultado positivo.

La mejor hora para realizar el test de ovulación (también llamados TO) es desde las 10 de la mañana a a las 8 de la tarde pero nunca debe hacerse con la primera orina de la mañana. Se ha de realizar siempre a la misma hora, respetando un margen de 2 horas sin ingerir ni líquido ni alimento (o las cantidades mínimas) para no diluir la concentración de la hormona, con lo que sería imposible detectar el pico ovulatorio.

Se considera que el test es POSITIVO cuando la raya de resultado tiene la MISMA intensidad o es MÁS fuerte que la de control. Esto nos indica que la ovulación está próxima y que podría darse en cualquier momento aunque lo habitual es un mínimo de 12 horas y hasta un máximo de 36.

Las primeras veces que usemos estas pruebas caseras, y más si  no tenemos muy claro cuando ovulamos, es recomendable realizarlas 2 veces al día, a partir del momento en que empieza a marcarse la raya de resultado (sin ser todavía positiva). De esta manera nos aseguramos de detectar el famoso día “pico”. De otra manera sería muy fácil que se nos pasase.

Para determinar en qué momento podemos empezar a hacernos estos test tenéis a continuación una tabla con los días recomendables según la duración de nuestros ciclos menstruales:

Duración del Ciclo Menstrual
Inicio del Test
21 días
Día 4 de ciclo
22 días
Día 5 de ciclo
23 días
Día 6 de ciclo
24 días
Día 7 de ciclo
25 días
Día 8 de ciclo
26 días
Día 9 de ciclo
27 días
Día 9 de ciclo
28 días
Día 9 de ciclo
29 días
Día 9 de ciclo
30 días
Día 10 de ciclo
31 días
Día 10 de ciclo
32 días
Día 10 de ciclo
33 días
Día 12 de ciclo
34 días
Día 13 de ciclo
35 días
Día 14 de ciclo
36 días
Día 15 de ciclo
37 días
Día 16 de ciclo
38 días
Día 17 de ciclo
39 días
Día 18 de ciclo
40 días
Día 19 de ciclo

Muy importante: el uso de anticonceptivos (hasta los 2 meses anteriores) o de cualquier otro medicamento hormonal invalidaría el resultado de estos test ya que podrías obtener tanto un falso positivo como negativo. Recientemente se ha descubierto también que el uso de antibióticos, analgésicos y antipiréticos puede a su vez alterar el resultado de estos test de ovulación.

Siguiendo estas sencillas instrucciones y teniendo en cuenta el uso simultáneo de algunos medicamentos aprenderás en seguida a realizar correctamente estas pruebas y a conocer por tanto mucho mejor el momento idóneo (la llamada “ventana fértil”) para intentar concebir de manera natural.

¡Espero te animes a contarme tus experiencias usando estos sencillos test!

la fecundación in vitro · mis tratamientos

Mi primera FIV en el Hospital de St.Pau (III)

Ya estaba otra vez en la tan deseada y temida betaespera…

 

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Llegamos a casa los 4, es decir, aquí la incubadora con patas, Mr. N y los 2 polluelos. Fui al baño, con un miedo horrible a que se fuesen por el desagüe, y al limpiarme vi un hilito de sangre rosada en el papel, entré en pánico, sin más. Futuro papi me tranquilizó como pudo, sé que para él tampoco era fácil y me dijo que no me moviese del sofá. Empezaba otra espera desesperante, la novena ya, a pesar de la experiencia sabía que ésta iba a ser especialmente difícil. Era la primera vez que tenía la seguridad de llevar vida en mi interior, 2 preciosos embriones que lo único que tenían que hacer era sobrevivir y agarrarse fuerte a mí. Parece poca cosa ¿verdad? pues sin duda para mí la parte más difícil de los tratamientos. Ya nada estaba en mis manos, sólo me quedaba rogar por ese positivo que tanto anhelábamos y cuidarme para intentar ayudar en lo posible.

Como todas, había leído que era recomendable beber bebidas isotónicas, y comer sardinas y nueces así que ya imaginaréis como estaba de surtida mi despensa. La bebida no me gustaba nada pero aún así me obligaba a tomarme mínimo un par de vasos grandes al día, todo me parecía poco para ayudar a mis pequeñines que sabía estarían luchando como campeones por quedarse conmigo. Fueron pasando los días, muy lentamente, aunque la primera semana fue un poco más llevadera, sobre todo en cuanto empecé a encontrarme ya bien de todo el “toqueteo”. Aún así fueron días de mucho relax, de sentirme mimada y cuidada como el tesoro más valioso. Cada noche al acostarme me dormía acariciando mi vientre, rogándoles a mis embrioncitos que se quedasen, diciéndoles lo mucho que los amábamos ya. Lloré mucho también, casi siempre sola para no preocupar a mi familia, consumida por los nervios y la incertidumbre.

Cuando empezó la segunda semana pasé por todas las fases, la de sentirme esperanzada, casi segura de haberlo conseguido a la de la total negación y vuelta a empezar con la ilusión de sentirme embarazada. Me consumía la espera, estaba deseando hacerme uno de esos test de tira que tantas veces me habían pasado por toda la cara mi odiosa infertilidad. Estaba segura, o por lo menos según el momento lo estaba, de que esta vez vería una hermosa raya rosada. Evidentemente no aguanté las 2 semanas que me dijeron en el hospital antes de hacerme el test de orina. La impaciencia me pudo y ya el 10 día post transferencia, sin decir nada a nadie, me levanté bien temprano y me atreví a hacérmelo. Recuerdo como me temblaban las manos. Tenía ya mis cólicos típicos de la regla pero me aferraba a lo que siempre decían las chicas afortunadas: los síntomas de embarazo son los mismos que los menstruales. Dejé el dichoso palito en el baño. Tuve que salirme porque no aguantaba el seguir mirándolo y no ver nada. Me fui a mi habitación. Intenté aguantar un par de minutos y volví a comprobar el resultado. Blanco, blanquísimo, igual de blanco que mi cara, imposible que fuese más blanco. Se me llenaron los ojos de lágrimas pero aún así decidí respirar hondo y darle un poco más de tiempo. Metí la tira en su sobre y el sobre en el bolsillo de la chaqueta que llevaba. Lo tocaba por fuera como queriendo que milagrosamente se marcase la dichosa raya. Y así estuve no sé cuanto rato, sacando el sobrecito y mirando la tira, poniéndola en la ventana para ver si se intuía algo. Lo volvía a guardar y a los pocos minutos volvía a mirarlo. Hasta que no sé cuanto rato después lo tiré a la basura, ya sin poder contener las lágrimas que traidoras caían por mi cara y me mojaban la ropa. Sentía como si hubiese perdido a mis hijos, no se habían quedado conmigo ¿por qué? no entendía qué había pasado, solo sabía que dolía mucho, muchísimo más de lo que creía que pudiese tolerar.

Cuando Mr. N. llegó del trabajo no le hizo falta preguntar mucho. Además de ver mi cara, no aguanté más de 5 minutos sin echarme a sus brazos, rota de dolor. Me calmó como pudo, diciéndome que no diese nada por perdido, que aún no me había venido y eso era bueno, que en el hospital nos habían dicho 14 días y que sería por algo. Yo quería creerme todo lo que me decía pero algo dentro de mí sabía con seguridad que el test no se equivocaba. Esa noche nos durmimos abrazados, con las manos de ambos en mi barriga, secando mis lágrimas con dulces besos.

Por la mañana ya no tenía ninguna duda de que habíamos vuelto a fallar, mi período siempre ha sido muy doloroso (gracias amiga endometriosis) y esta vez no iba a ser menos. Fui al baño y nada más bajarme la ropa vi la horrible prueba de nuestro fracaso. A pesar de la progesterona la rojilla se rió de mí nuevamente, con crueldad, recordándome que no me lo iba a poner nada fácil y que por ahora ella era quien ganaba, otra vez.