mi infertilidad

El estrés y la infertilidad

¿Cuántas veces os han dicho que cuando te relajes, te quedarás embarazada?

Yo no podría ni contar todas las veces que he oído la dichosa frasecita.

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En mi caso padezco de endometriosis y por desgracia mi enfermedad no se cura con unas vacaciones ¡ojalá!. Pero también es verdad que mis síntomas empeoran (ya que provoca más inflamación) si tengo un nivel elevado de estrés.

Este es uno de los motivos que relacionan el estrés con la infertilidad. Pero ¡ojo!, no me refiero a un estrés cotidiano que gestionamos bien y que no ocasiona más problemas, sino a ese estrés excesivo que afecta a nuestra calidad de vida, llegando incluso a provocarnos dificultades para dormir o molestias digestivas, entre otras cosas.

Ese estrés elevado y continuo sí puede ser la causa de tener ciclos menstruales irregulares o incluso ser el motivo por el cual no lleguemos a ovular (anovulación). También puede subirnos la insulina, provocándonos Resitencia a la Insulina o a empeorarla (¡atención chicas con SOP!) y aumentar la oxidación celular, dañando la calidad de nuestros óvulos y de los espermatozoides.

Por último no olvidemos la cantidad de toxinas que genera nuestro cuerpo debido al estrés. En un ambiente tan tóxico es dificil lograr que el óvulo sea fecundado y más dificil aún que el embrión llegue a implantarse.

Después de leer todo esto me preguntaréis cómo podemos manejar esta angustia y preocupación que casi todas de nosotras padecemos y que suele empeorar en cuanto empezamos con médicos y tratamientos.

La respuesta no es fácil. Sólo puedo aconsejaros que busquéis maneras de reducir esa tensión. En mi caso probé el yoga y me sorprendió lo bien que me sentaba ese rato dedicado a mí y a mi cuerpo. También, por otros problemas médicos, empecé a ir a una fisioterapeuta maravillosa que me dejaba como nueva. La acupuntura, por ejemplo, que tan buenos resultados da, no la llegué a probar, aunque la tengo en mi lista de cosas pendientes.

 Y por supuesto, una sesión intensa con mis mejores amigas, sin parejas ni niños, es de los mejores remedios que tengo para sentirme mejor y con fuerzas renovadas.

Y vosotras  ¿habéis encontrado la manera de relajaros y que os ayude a desconectar?

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Cómo saber si ovulamos: los cambios de nuestro cérvix.

Otra manera de saber cuando ovulamos es aprender a reconocer los cambios de nuestro cérvix

Pero quizás lo primero que te preguntes es qué es el cérvix exactamente, pues según podemos leer en San Google, es “la parte inferior del útero, situada en el fondo de la vagina, flexible, delgada y de unos tres centímetros de longitud”, también conocido como “cuello uterino“.

Para reconocer nuestro cérvix es muy importante lavarnos cuidadosamente las manos y tener las uñas bien recortadas para no causarnos ninguna heridita. Debemos buscar una posición en la que estemos cómodas, normalmente sentadas en el inodoro, e introducir en la vagina el dedo más largo hasta tocar la entra del cérvix (notarás que tiene forma como de “Donetes”, con un pequeño orificio en el medio). Según el momento del ciclo menstrual en el que te encuentres notarás cambios tanto en su posición (alto o bajo) como en su textura (suave o firme).

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En los días no fértiles, para impedir el paso de los espermatozoides, el cérvix está cerrado por un tapón mucoso y ácido, además se encuentra bastante bajo, solo a unos 8 cm de la entrada de nuestra vagina. Notarás también que está firme, duro, recordándote a la punta de la nariz.

Pero en nuestros días fértiles, el cérvix se abre para permitir el paso de los espermatozoides, produciendo también un moco más acuoso y menos ácido que permite su superviviencia. Lo notarás más alto, por lo que tendrás que introducir bastante el dedo hasta tocarlo,  y más blando, como si fuesen unos labios.

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Durante la ovulación comprobarás que tu cérvix está muy húmedo o mojado, aunque habitualmente tengas dificultades para reconocer tu moco cervical. Es por esto que este método es muy útil para las mujeres que tienen poco flujo y a las que les cuesta más notar como va cambiando durante las diferentes fases del ciclo.

Yo personalmente no usé mucho este método, ya que siempre he reconocido muy fácilmente mis días más fértiles pero sí que lo comprobaba de tanto en tanto para aprender a reconocer como se iba modificando.

¿Conocías ya este método? ¿Te parece práctico? Anímate a dejarme tus comentarios :)…

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Cómo saber si ovulamos: el moco cervical

Otro método para conocer nuestros días más fértiles es el de observar nuestro moco cervical…

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es el llamado método Billings, que estudia tanto el aspecto como la sensación de humedad que sintamos según la evolución de nuestro flujo.

La foto que os pongo ya es suficientemente explicativa así que no creo que haga falta que os comente mucho más, por sí misma ya es bastante aclaratoria :).

Según este método el último día que notamos el famoso moco “clara de huevo” es el más fértil (día pico) y nos indica que la ovulación está próxima. Según la mujer puede ser a las pocas hora o hasta un día y medio después. Si tenemos en cuenta que el óvulo tiene una supervivencia máxima de 24 horas y los espermatozoides una media de 2-3 (pueden ser hasta 5) podemos calcular que nuestros días más fétiles comienzan 1 ó 2 días antes del día pico y finalizan un par de días después. Esta sería nuestra llamada “ventana fértil”.

Para comprobar el momento exacto de tu ovulación puedes combinar este método con los que expliqué anteriormente, es decir, el de la Temperatura Basal y el de los test de ovulación. De esta manera reconocerás en muy poco tiempo los días más fértiles de tu ciclo. Además tu cuerpo seguramente te empezará a avisar en los días claves, ya que todas notamos una subida de energia y de libido, e incluso pequeñas molestias en los ovarios en la ovulación.

Si te cuesta reconocer los cambios en el moco cervical ya que no sueles tener sensación de humedad, puedes observar como mancha tu ropa interior (el más fértil, al ser más acuoso, se marca como si fuese una pérdida líquida) o recoger una muestra con tus dedos directamente de la vulva, sin introducirlos en la vagina.

¿Reconoces fácilmente todos estos cambios? Si no es así espero que a partir de ahora los observes más detenidamente para llegar a reconocer tus días más fértiles.

 

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Cómo saber si ovulamos: la temperatura basal

La manera más efectiva y barata de comprobar nuestra ovulación es mediante el Método de la Temperatura Basal…

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Una de las primeras cosas que nos suele pedir el ginecólogo cuando estamos buscando el embarazo es el de tomarnos la temperatura basal varios meses, casi siempre 3, ya que es una manera muy efectiva de comprobar si nuestro ciclo tiene alguna alteración, como sería la falta de ovulación (anovulación), SOP (síndrome de Ovarios Poliquísticos) o una fase lútea incorrecta, con lo cual sería más complicado que se produjese la fecundación y/o la implantación del embrión.

Para tomaros la temperatura basal sólo debéis seguir unos sencillos pasos:

  • Tenéis que usar siempre el mismo termómetro (preferentemente de mercurio).
  • No se ha de realizar ningún esfuerzo antes de poneros el termómetro, por lo que si usáis uno de mercurio debéis dejarlo preparado en la mesita de noche.
  • Se ha de tomar siempre a la misma hora y sin moveros de la cama.
  • Se puede tomar tanto vaginal como rectal, siendo no tan recomendable la axilar y la bucal.
  • Tenéis que descansar un mínimo de 3-4 horas.
  • Lo ideal es empezar el primer día de regla, por lo menos durante los primeros ciclos, luego ya podréis comenzar al acabar el sangrado.
  • Si estáis resfriadas, con fiebre o no habéis dormido las horas suficientes, apuntadlo en la gráfica ya que en estos casos los resultados no serán tan reales.

Siguiendo este método comprobaréis como vuestra temperatura subirá entre 0,2 y 0,5 grados el primer día tras la ovulación, manteniéndose alta hasta la siguiente regla cuando vuelve a bajar. En caso de producirse el embarazo, la temperatura se mantendría alta, siendo posible un ligero descenso en el momento de la implantación para volver a subir, aunque este patrón trifásico no se produce siempre. Por tanto, la temperatura basal os servirá para aseguraros que habéis ovulado pero no para predecir la ovulación, aunque sí podríais detectar un posible embarazo. Con un poco de práctica, a pesar de lo tedioso que nos suele resultar tomarnos cada día la temperatura, llegaréis a conocer muy bien vuestro patrón de ovulación, por lo que os será muy fácil preveer en futuros ciclos vuestros días más fértiles.

Muy importante: este método solo sería efectivo en ciclos naturales, sin inductores de la ovulación ni progesterona sintética ya que en estos casos la subida y/o mantenimiento de la temperatura serían debidos a la medicación y no a una ovulación espontánea.

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Cómo saber si ovulamos: el test de ovulación en tiras

Cuando deseamos quedarnos embarazadas una de las primeras cosas que nos preocupa es que no se nos “pase” nuestro día de ovulación.

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Para conseguirlo son muy útiles los famosos test en tiras que casi todas conocemos y que la mayoría de vosotras ya habréis usado. A pesar de ser tan populares muchas veces nos generan dudas que espero poder aclararos a continuación.

Estos tipos de test detectan en la orina los niveles de la hormona LH, cuyo pico nos indica que va a producirse la ovulación entre 12 y 36 horas después de obtener un resultado positivo.

La mejor hora para realizar el test de ovulación (también llamados TO) es desde las 10 de la mañana a a las 8 de la tarde pero nunca debe hacerse con la primera orina de la mañana. Se ha de realizar siempre a la misma hora, respetando un margen de 2 horas sin ingerir ni líquido ni alimento (o las cantidades mínimas) para no diluir la concentración de la hormona, con lo que sería imposible detectar el pico ovulatorio.

Se considera que el test es POSITIVO cuando la raya de resultado tiene la MISMA intensidad o es MÁS fuerte que la de control. Esto nos indica que la ovulación está próxima y que podría darse en cualquier momento aunque lo habitual es un mínimo de 12 horas y hasta un máximo de 36.

Las primeras veces que usemos estas pruebas caseras, y más si  no tenemos muy claro cuando ovulamos, es recomendable realizarlas 2 veces al día, a partir del momento en que empieza a marcarse la raya de resultado (sin ser todavía positiva). De esta manera nos aseguramos de detectar el famoso día “pico”. De otra manera sería muy fácil que se nos pasase.

Para determinar en qué momento podemos empezar a hacernos estos test tenéis a continuación una tabla con los días recomendables según la duración de nuestros ciclos menstruales:

Duración del Ciclo Menstrual
Inicio del Test
21 días
Día 4 de ciclo
22 días
Día 5 de ciclo
23 días
Día 6 de ciclo
24 días
Día 7 de ciclo
25 días
Día 8 de ciclo
26 días
Día 9 de ciclo
27 días
Día 9 de ciclo
28 días
Día 9 de ciclo
29 días
Día 9 de ciclo
30 días
Día 10 de ciclo
31 días
Día 10 de ciclo
32 días
Día 10 de ciclo
33 días
Día 12 de ciclo
34 días
Día 13 de ciclo
35 días
Día 14 de ciclo
36 días
Día 15 de ciclo
37 días
Día 16 de ciclo
38 días
Día 17 de ciclo
39 días
Día 18 de ciclo
40 días
Día 19 de ciclo

Muy importante: el uso de anticonceptivos (hasta los 2 meses anteriores) o de cualquier otro medicamento hormonal invalidaría el resultado de estos test ya que podrías obtener tanto un falso positivo como negativo. Recientemente se ha descubierto también que el uso de antibióticos, analgésicos y antipiréticos puede a su vez alterar el resultado de estos test de ovulación.

Siguiendo estas sencillas instrucciones y teniendo en cuenta el uso simultáneo de algunos medicamentos aprenderás en seguida a realizar correctamente estas pruebas y a conocer por tanto mucho mejor el momento idóneo (la llamada “ventana fértil”) para intentar concebir de manera natural.

¡Espero te animes a contarme tus experiencias usando estos sencillos test!

la fecundación in vitro · mis tratamientos

Mi primera FIV en el Hospital de St.Pau (I)

Después de las 6 IA negativas llegó por fin el momento…empezaba mi (esperaba) primera y última FIV.

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Recuerdo mi primera visita antes de empezar la FIV, estaba ansiosa por empezar, no pregunté mucho ya que como siempre confiaba plenamente en los médicos, pensaba que ellos “ya sabían”. Me explicaron la medicación que iba a usar, que casi era la misma que la que había usado para las IA, el famoso Puregon, sólo que en este caso me pincharía otro medicamento en cuanto me lo indicasen, el Orgalutran y como siempre, Ovitrelle como “rompefolis“.

Cuando bajó la regla llamé para pedir mi primer control y el tercer día empecé ya con los pinchazos. Todo me era, por desgracia, tan familiar que no veía por ahora ninguna diferencia con las inseminaciones. Recuerdo que fui bastante rápida, demasiado, ya desde la primera ecografía me vieron más de 10 folículos creciendo casi a la vez. A los pocos días ya empecé a sentirme hinchada y pesada, sobre todo al estar sentada, fue una de las primeras diferencias que noté con los tratamientos anteriores, además de las “humedades” de las zonas bajas :).

Creo que era el tercer control cuando me dijeron que ya estaba lista, que iba muy bien. El médico que me tocó empezó a mirar el ordenador y puso cara rara. Me preguntó por la visita con el anestesista ¿visita? ¿qué visita? le pregunté. A mí nadie me había dicho nada en ningún momento. Ingenua de mí creía firmemente que los profesionales tendrían todo el proceso más que claro, para mí era todo nuevo, no sabía ni cuanto tardaría ni cuando me programarían. En un par de segundos entré en pánico, creo que me puse hasta blanca, mi cabeza no paraba de decir “no me lo puedo creer” “todo me pasa a mí”. El doctor empezó a rellenar papeles y me dijo que bajase con ellos a la Fundació Puigvert. Además esa misma noche debía empezar a pincharme el Orgalutran, a ver si así conseguíamos “aguantar esos folis”. Salí casi corriendo de allí. Llegué al mostrador que tan bien concocía, temblando como una hoja, muerta de miedo.

Cuando me atendieron empezaron a mirar toda la documentación que llevaba y lo primero que me dijeron fue que “imposible” que “no había horas para el anestesista” de golpe se me llenaron los ojos de lágrimas, intenté mantener el tipo pero por primera vez en mi vida me oí a mí misma rogar como una niña pequeña, que por favor, que hiciesen lo posible, que después de todo lo que llevaba no podían hacerme eso…tuve ganas de gritar que no había sido culpa mía. No sé cómo fue pero después de mirar y mirar el ordenador me dieron cita para el lunes siguiente (era ya un viernes) y último control ese mismo domingo. Si todo iba bien de una vez me harían la punción el martes.

Parecía que estaba todo controlado así que empecé a sentirme más calmada, aún no entendía cómo había pasado algo así pero estaba bastante tranquila. Confiaba en que todo iría bien. Ese sábado nos quedamos tranquilamente en casa. Yo tenía ya bastante pesadez de ovarios y no me apetecía salir. Me puse un ratito en el ordenador y los dolorcillo que iba sientiendo hacía un par de días fueron rápidamente a más. Llegó un momento que de golpe empecé a notar mis molestias típicas de ovulación pero multiplicadas por 20. Me quedé doblada de golpe, cogiéndome la barriga, intentando calmar el dolor. Llamé a mi marido y le dije “estoy ovulando”, no tenía ninguna duda, mi cuerpo me lo estaba indicando tan claramente que fue como si me cayese un jarro de agua fría. Empecé a llorar de rabia, de impotencia, de dolor, ya no físico sino emocional…otra vez mi sueño roto en mil pedazos, me sentía sin fuerzas para seguir.

Al día siguiente tenía control en el hospital, entré allí derrotada, explicándole al médico lo que había pasado. Me dijo “imposible” pero en cuanto miró la pantalla del ecógrafo se calló de golpe. Aún así no lo quiso reconocer, me confirmó que haríamos la punción el martes, que tenía folículos preparados. Le pregunté qué cuántos y no quiso decirme el número, solo que “suficientes”, no me hacía falta saber más me soltó. Me callé porque quise aferrarme a esa esperanza, había llegado hasta ese momento, después de todo lo que había ya pasado, de todos los negativos y las lágrimas y no estaba dispuesta a rendirme.

Como estaba previsto ese lunes tuve, por fin, la visita con el antestesista y el martes por la mañana la punción. ¡Qué nerviosa estaba! Cuando me hicieron pasar para prepararme para el quirófano solo podía pensar en mis folis ¿cuántos habrían sobrevivido? Me sentía sola, desanimada y más nerviosa que nunca en mi vida. Pasó todo muy rápido, desperté aún en quirófano, justo antes de trasladarme a la sala donde estaban más chicas recuperándose de sus punciones o reposando después de las transferencias. Vino la doctora que nos tocaba ese día, había ido muy bien, me habían sacado 7 folículos maduros… ¿7? ¿sólo 7? la última vez antes de ovular me habían visto mínimo 11 de tamaños parecidos así que no tenía ninguna duda, había perdido unos cuantos, seguramente los más “bonitos”. No sabía si alegrarme por el alivio que sentía (por lo menos tenía algunos) o llorar de la rabia que llevaba acumulando esos días. Decidí ser positiva antes todo. Tenía 7 campeones, 7 supervivientes que estaba segura que no me defraudarían…¡¡continuará!!

las inseminaciones artificiales · mis tratamientos

Las inseminaciones artificiales: por clínica privada

Por fin nos habían dado una posible solución a nuestra infertilidad…

Y era el momento de pasar “a la acción”. Para mí era impensable esperar los 3-4 meses que nos faltaban para hacer la primera inseminación por la Seguridad Social. Ya serían más de 2 años desde que decidimos ser padres y cada día se me hacía más dificil.

esquema inseminacion artificial

Como teníamos seguro médico privado (lo habíamos contratado en cuanto empezamos las pruebas por la Seguridad Social) decidimos probar mientras tanto en alguna clínica de las que tenían convenio con nuestra mutua. Ya me imaginaba llamando al hospital para decirles que no me hacía falta, que lo había conseguido. Estaba llena de ilusión y de impaciencia.

Por la privada fue bastante rápido. Ya teníamos todas las pruebas médicas hechas así que sólo quedaba “pasar por caja”. La clínica que escogimos fue una de bastante renombre en nuestra ciudad. Su departamento de Reproducción Asistida era muy conocido y aunque encontré por Internet opiniones de todos los gustos decidimos probar y confiar ciegamente en la profesionalidad del médico que nos atendió, a pesar de que tanto a mí como a Mr. N. nos pareció un tanto “charlatán”, un vendedor de ilusiones que veía nuestro caso demasiado fácil.

Éste fue uno de los muchos errores que cometí en todos estos años. Me pudo el corazón y los sentimientos. Nunca, chicas, nunca, confiéis en ningún doctor/a que no os dé “buenas palpitaciones”. Os podréis equivocar, claro que sí, pero si algo falla no os lo perdonaréis a vosotras mismas. Y este sentimiento de culpa es lo último que necesitamos.

Recuerdo que la primera IAC fue con ciclo natural. Me chocó un pocó pero según el médico éramos jóvenes, mis valores hormonales eran normalísimos y sólo necesitábamos una pequeña ayudita. Nos explicó que la idea era aprovechar mi ovulación natural y mejorar en el laboratorio la calidad de la muestra de Mr. N.

Empezamos las ecografías de control y en muy pocos días ya tenía un folículo preparado. Me inyecté el desencadentante de la ovulación (Ovitrelle) y nos presentamos en la clínica, nerviosísimos, para nuestra primera (y esperábamos que la útlima) inseminación artificial.

Recuerdo que ese día no me sentí cómoda. El cuartito donde estaba la camilla era tan pequeño que casi no pude ni quitarme la ropa. En ningún momento apareció ninguna enfermera, aunque la verdad es que no hubiese ni cabido. Así que el doctor vino con la cánula y me hizo la inseminación.

Otra cosa que recuerdo fue el dolor, los fuertes pinchazos parecidos a los de la regla. Lo primero que pensé es que era muy triste que “hacer niños” no fuese un momento placentero  y sobre todo privado. Aún así pudo mi positividad y nos fuimos a casa con una sonrisa en la cara. Yo tocándome el vientre. Imaginándome a los soldaditos de Mr. N. “atacando” al ingenuo de mi ovulito. Animando a mi embrioncito a que se agarrase bien fuerte a la cunita que tenía preparada para él.

Evidentemente todo se quedó en un sueño. Mi primer negativo de un tratamiento fue muy duro. Nos lo habían pintado tan bien que no nos pensábamos que podría fallar. A pesar de todo decidimos probar otra inseminación, no era tan fácil acertar a la primera, nos dijo el sonriente doctor.

Esta vez me mandó el Omifín. Yo volví a sorprenderme pero como una tonta, confié de nuevo en el “profesional”. No hace falta ni confirmaros que fue otro negativo como una casa.

Después de estas decepciones dcidimos hacer caso de nuestro “mal presentimiento”  y esperar el par de meses que quedaban para poder hacer los tratamientos en el hospital. Mi costillo, que suele tener muy buen “olfato” para este tipo de personajes tenía claro que si seguíamos con él nos iba a hacer dar todos los rodeos posibles para ir sumando cantidades a su cuenta corriente. A pesar de mi impaciencia estuve totalmente deacuerdo con él y respirando hondo me preparé para esperar un poquito más.

Centré todas mis fuerzas y esperanzas en el hospital. En este caso por lo menos teníamos claro que no había un motivo económico para hacernos perder el tiempo, que no iban a tratarnos como a una cuenta corriente con patas. Con la seguridad de estar, esta vez sí, en buenas manos empecé a contar los días para mi regla del mes de septiembre. ¡Por una vez estaba deseando que llegase!